Lo que nos dejó 2025 en el ecosistema Magento

En la primera mitad del año, destaco la campaña de Shopify para forzar la migración desde Magento hacia su plataforma. Una campaña que fue en ocasiones agresiva y, en mi opinión, claramente injusta.

El episodio, más allá del ruido, reveló algunas cosas que vale la pena señalar.

La primera es que Magento conserva una cuota de mercado lo suficientemente significativa como para justificar tal inversión por parte de Shopify.

La segunda es que la comunidad de Magento salió masivamente a defender la plataforma, demostrando que sigue viva, activa y comprometida, algo que muchos habían dado por perdido.

En la segunda mitad de 2025, comencé a notar otra tendencia interesante: el crecimiento de proyectos complejos desarrollados por profesionales independientes.

El impulsor de esta tendencia fue doble. Por un lado, el debate con Shopify (y con el SaaS en general) despertó en muchos desarrolladores la necesidad de demostrar que las cosas podían hacerse mejor, más rápido y más barato fuera de esos modelos cerrados.

Por otro lado, la aparición de la IA como herramienta de apoyo al desarrollo cambió radicalmente las reglas del juego. Los desarrolladores experimentados alcanzaron niveles de productividad sin precedentes, capaces de construir soluciones complejas y de calidad en plazos muy cortos.

2025 también resolvió la batalla entre las plataformas de eCommerce SaaS. En el segmento de mercado bajo y medio, Shopify fue el claro ganador. El resto de opciones quedarán relegadas a cuotas marginales o simplemente desaparecerán.

En el segmento medio-alto, donde los requisitos son muy diferentes y las inversiones operan a otra escala, el panorama sigue abierto. Será clave observar qué sucede con Adobe Commerce as a Cloud Service (ACaaCS). La propuesta es interesante, pero su impacto real en el mercado está por verse.

Mientras tanto, y contra muchas predicciones, Magento parece haber salido relativamente fortalecido dentro del universo on-premise, incluso cuando la tendencia general para este tipo de plataformas continúa en declive. En el segmento B2B, esto me resulta absolutamente claro.

Las razones son varias.

La primera es la reducción en los costos de infraestructura.

Configurar y mantener proyectos complejos de Magento en la nube ya no tiene los costos (ni la complejidad técnica) de hace unos años. Hoy existen iniciativas comunitarias que permiten desplegar infraestructura en AWS sin mucha complejidad, además de proveedores de nube e intermediarios que hacen posible tener entornos de producción funcionando en cuestión de horas.

La segunda razón es el frontend.

2025 fue un año particularmente disruptivo en términos de diversidad y madurez de soluciones para reemplazar el frontend predeterminado de Magento (Luma).

El evento más visible fue el cambio de licencia de Hyvä, que se volvió gratuito. Pero sería un error reducir el debate solo a Hyvä. Hay alternativas comunitarias, quizás con menos visibilidad, que son igualmente sólidas y, en algunos casos, más simples de implementar, como Breeze.

A esto se suman otros proyectos impulsados por desarrolladores con diferentes enfoques, como React Luma o Daffodil. Solo estoy mencionando los que sigo más de cerca, pero el ecosistema es mucho más amplio.

La tercera razón, y probablemente la más decisiva, es la aparición de la IA.

Magento siempre ha sido criticado por su complejidad y el costo de sus personalizaciones. Sin embargo, el uso de la IA aplicada al desarrollo ha cambiado notablemente la ecuación costo-beneficio. La productividad que un desarrollador experimentado puede lograr hoy habría sido impensable hace apenas un par de años.

Si 2025 nos deja algo, es experiencia. Y esa experiencia, bien aprovechada, puede ser clave al tomar decisiones importantes en 2026, especialmente al elegir una plataforma de eCommerce.

En el debate SaaS vs. on-premise, lo que realmente se discutía no era tecnología, sino modelos: agilidad versus flexibilidad.

En el caso de Magento, una vez resueltos (o al menos mitigados) los problemas históricos de rendimiento y costos, su flexibilidad comparada con el SaaS puede convertirse en una ventaja competitiva relevante en un escenario de cambio constante.

En el mundo B2B, esta diferencia es aún más evidente. En Shopify, no he visto avances significativos en funcionalidades verdaderamente críticas para este segmento.

ACaaCS apunta en la dirección correcta, pero la pregunta inevitable es cuántas empresas podrán permitirse ese nivel de inversión.

Al mismo tiempo, los riesgos de depender exclusivamente de un SaaS se están volviendo cada vez más visibles:

  • Pérdida de propiedad de los datos.
  • Costos recurrentes y crecientes al habilitar funcionalidades adicionales a través de aplicaciones.
  • Exposición a cambios unilaterales en términos y condiciones.
  • Comisiones de ventas.
  • Problemas de infraestructura, como quedó en evidencia durante las caídas de Shopify en el Black Friday.

Y quizás el riesgo más grave: quedar atrapado en una guerra de gigantes tecnológicos, donde tu SaaS facilita trabajar con OpenAI pero complica la integración con otras opciones.

Quizás 2026 será el año en que comencemos a entender que para entrar verdaderamente en la era de la IA, las soluciones más adecuadas no serán necesariamente las más vanguardistas sino aquellas que ofrezcan mayor flexibilidad.

Lo que puedo asegurar mirando hacia 2026 es que aunque la tecnología avance o cambie, el éxito de un proyecto dependerá mucho más de la elección apropiada del implementador que de la tecnología que se decida implementar.