En un ecosistema digital saturado de opciones, elegir la plataforma de e-commerce adecuada puede convertirse en una tarea abrumadora. Cada proveedor busca posicionar su solución como la más rápida, escalable, rentable o fácil de usar. Sin embargo, más allá de los argumentos comerciales, lo que verdaderamente importa es cuánto sentido tiene esa elección para su negocio en particular.
La mejor plataforma no es siempre la más potente ni la más popular. Es la que mejor se adapta a la realidad operativa, tecnológica y económica de la empresa, y a sus planes de evolución.
Tecnología, sí. Pero no a cualquier precio
Es habitual que se presenten las comparativas de plataformas centradas en aspectos técnicos: lenguajes de programación, rendimiento, escalabilidad o funcionalidades nativas. Aunque importantes, estos factores no deberían ser el eje principal de la decisión si no se los contextualiza adecuadamente. Una solución tecnológicamente “superior” puede no ser la más eficiente en términos de costo, mantenimiento o integración con otros sistemas clave de la organización.
Costos visibles e invisibles
Una de las variables más críticas —y a menudo subestimadas— son los costos asociados al uso y evolución de la plataforma.
- Costos fijos: si se trata de una solución on-premise (autoalojada), se debe contemplar infraestructura, licencias, soporte técnico, actualizaciones y equipo especializado para operarla. En una solución SaaS (software como servicio), se paga una suscripción mensual o anual que incluye todo lo anterior, pero bajo condiciones estandarizadas.
- Comisiones sobre ventas: algunas plataformas SaaS aplican un porcentaje por transacción o cobran comisiones adicionales según el método de pago utilizado. Estos costos, acumulados, pueden erosionar significativamente el margen comercial.
- Integraciones externas: conectar la tienda con proveedores logísticos, métodos de pago locales o internacionales, o sistemas antifraude, puede implicar desarrollos personalizados no incluidos en los planes base.
- Integraciones internas (ERP, CRM, PIM): integrar la plataforma con los sistemas internos de la empresa —como gestión de stock, facturación, marketing o catálogo centralizado— es probablemente el componente más costoso y crítico del proyecto. Muchas veces se omite o minimiza este aspecto en las presentaciones de soluciones SaaS, lo que puede llevar a sorpresas desagradables cuando se deben afrontar integraciones específicas no contempladas en la licencia.
El costo de cambiar
Una variable clave que casi nunca se menciona es el «impuesto de salida». ¿Qué ocurre si dentro de uno o dos años se necesita cambiar de plataforma porque la actual no acompaña el crecimiento del negocio o porque surgen nuevas necesidades comerciales?
- ¿Se pueden exportar todos los datos del catálogo, clientes y pedidos?
- ¿Cómo se migran las integraciones existentes?
- ¿Hay dependencia de un proveedor exclusivo?
Una plataforma flexible, con documentación clara y acceso a los datos, facilita una transición futura si fuese necesaria. Otras, en cambio, pueden dificultar la migración o imponer costos adicionales por conceptos como recuperación de datos o cierre anticipado del contrato.
Conclusiones
- La plataforma elegida debe estar alineada con las necesidades del negocio, no solo en el presente, sino también en el mediano plazo. Una elección basada únicamente en modas tecnológicas o recomendaciones de terceros puede comprometer la escalabilidad y rentabilidad futura del proyecto.
- Evaluar la plataforma con la guía de un consultor independiente o una agencia de confianza permite tomar una decisión informada y estratégica. No se trata solo de construir una tienda online, sino de elegir la base tecnológica que soportará el canal comercial digital de la empresa en los próximos años.